Osasuna remonta de forma heroica con un gol en el minuto 100 de Catena, dejando al equipo hispalense en la zona roja a falta de cinco jornadas.
Lo vivido hoy en El Sadar pertenece a esa categoría de partidos que explican por qué el fútbol es el deporte más impredecible del mundo. En un duelo de necesidades extremas, Osasuna remontó un marcador adverso para imponerse 2-1 al Sevilla, gracias a un gol de Alejandro Catena en la última jugada del encuentro. Un resultado que da aire europeo a los navarros y que deja a los andaluces tiritando, en plena zona de descenso y con una crisis de identidad que parece no tener fin.
Desde el pitido inicial de Miguel Ángel Ortiz Arias, quedó claro que no sería una tarde de florituras. El Sevilla, consciente de lo que se jugaba, saltó al césped con un bloque bajo, compacto, tratando de contener la efervescencia de un Osasuna que siempre empuja en su feudo. La primera mitad fue un ejercicio de resistencia; los de Pamplona dominaron la posesión (rozando el 60%), pero la falta de colmillo en el área permitió a los nervionenses marcharse al descanso con el empate a cero y la sensación de que el plan de contención funcionaba.
El rugido de Maupay y la fe rojilla
La segunda parte fue un torbellino de emociones. En el minuto 68, el Sevilla encontró el tesoro que buscaba. Neal Maupay, en una de las pocas concesiones de la zaga local, cazó un balón dentro del área y batió a Sergio Herrera con un disparo seco. El 0-1 heló El Sadar y, por unos instantes, el fantasma del descenso pareció alejarse de Sevilla para instalarse en el ánimo de otros.
Pero si algo define a este Osasuna es que nunca dobla la rodilla antes de tiempo. Vicente Moreno movió el banquillo buscando verticalidad y la respuesta fue inmediata. En el minuto 79, Raúl García cazó un centro medido para poner el 1-1, devolviendo la vida a una grada que empezaba a desesperarse. El empate no le valía a ninguno, pero fue Osasuna quien tuvo la ambición de ir por más.
El partido entró en un descuento agónico. Con el Sevilla encerrado achicando agua y los rojillos volcados, llegó el momento que quedará en la retina de los aficionados esta temporada. Ya en el minuto 10 del tiempo añadido, un centro desde el lateral fue conectado por Alejandro Catena. El central se elevó por encima de todos para meter un cabezazo imponente que perforó la red de Odisseas Vlachodimos
El Sadar estalló en un grito unísono. No hubo tiempo para más. El 2-1 final certifica tres puntos de oro para un Osasuna que sigue soñando con cotas altas, mientras condena al Sevilla a una semana de reflexión muy oscura, con la posibilidad de acabar esta jornada penúltimo si mañana el Levante consigue los 3 puntos.
Lo vivido hoy en El Sadar pertenece a esa categoría de partidos que explican por qué el fútbol es el deporte más impredecible del mundo. En un duelo de necesidades extremas, Osasuna remontó un marcador adverso para imponerse 2-1 al Sevilla, gracias a un gol de Alejandro Catena en la última jugada del encuentro. Un resultado que da aire europeo a los navarros y que deja a los andaluces tiritando, en plena zona de descenso y con una crisis de identidad que parece no tener fin.
Desde el pitido inicial de Miguel Ángel Ortiz Arias, quedó claro que no sería una tarde de florituras. El Sevilla, consciente de lo que se jugaba, saltó al césped con un bloque bajo, compacto, tratando de contener la efervescencia de un Osasuna que siempre empuja en su feudo. La primera mitad fue un ejercicio de resistencia; los de Pamplona dominaron la posesión (rozando el 60%), pero la falta de colmillo en el área permitió a los nervionenses marcharse al descanso con el empate a cero y la sensación de que el plan de contención funcionaba.
El rugido de Maupay y la fe rojilla
La segunda parte fue un torbellino de emociones. En el minuto 68, el Sevilla encontró el tesoro que buscaba. Neal Maupay, en una de las pocas concesiones de la zaga local, cazó un balón dentro del área y batió a Sergio Herrera con un disparo seco. El 0-1 heló El Sadar y, por unos instantes, el fantasma del descenso pareció alejarse de Sevilla para instalarse en el ánimo de otros.
Pero si algo define a este Osasuna es que nunca dobla la rodilla antes de tiempo. Vicente Moreno movió el banquillo buscando verticalidad y la respuesta fue inmediata. En el minuto 79, Raúl García cazó un centro medido para poner el 1-1, devolviendo la vida a una grada que empezaba a desesperarse. El empate no le valía a ninguno, pero fue Osasuna quien tuvo la ambición de ir por más.
El partido entró en un descuento agónico. Con el Sevilla encerrado achicando agua y los rojillos volcados, llegó el momento que quedará en la retina de los aficionados esta temporada. Ya en el minuto 10 del tiempo añadido, un centro desde el lateral fue conectado por Alejandro Catena. El central se elevó por encima de todos para meter un cabezazo imponente que perforó la red de Odisseas Vlachodimos
El Sadar estalló en un grito unísono. No hubo tiempo para más. El 2-1 final certifica tres puntos de oro para un Osasuna que sigue soñando con cotas altas, mientras condena al Sevilla a una semana de reflexión muy oscura, con la posibilidad de acabar esta jornada penúltimo si mañana el Levante consigue los 3 puntos.
